Parroquia de San Francisco de Asís (Barbastro)

ASÍ INICIÓ SU ANDADURA LA PARROQUIA DE SAN FRANCISCO

Los cinco siglos de presencia evangelizadora de la órden franciscana en Barbastro, y más concretamente residiendo en el Arrabal, y los vicariatos de barrios de san Joaquín y santa Ana, san Hipólito y casi un siglo posterior de vicariato del Arrabal, también dependiente de la parroquia de la Asunción, única para la ciudad, son unos buenos cimientos espirituales y humanos para que sobre ellos se edifique la nueva comunidad parroquial de San Francisco de Asís.

Será en 1902, como nos recuerda la historia, cuando la parroquia constituida localmente y bajo la guía de un ilustre y buen pastor, su primer párroco don Mariano Fumanal Linés, cuando empiece su andadura de presencia en el barrio. Una presencia tan cercana que anticipará la realización de la bella definición de parroquia que el Papa Juan Pablo 11 nos dará, en un tiempo más próximo a nosotros, cuando dice: "La Parroquia es la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos e hijas" (Christifideles Laici, 26).

Con un acta, redactada, escrita y firmada por su párroco, recién nombrado, se abre el archivo parroquial con los cinco libros (bautismos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios y defunciones). Acta, que por su sencillez y solemnidad así como por su interés histórico me permito transcribirla aquí. Reza así: II Parroquia de San Francisco de Asís de esta Ciudad de Barbastro, de nueva creación por el arreglo parroquial, hecho en cumplimiento del Concordato de 1851, por el Exmo. e Ilmo. Sr. D. Casimiro Piñera y Naredo, Obispo titular de Anchialo, Administrador Apostólico, que era de esta Diócesis, y a propuesta de la Comisión del Ilmo. Cabildo, compuesta por los M.I. Sr. Doctor D. José La Plana, Dean de la 5.1. Catedral, Licenciado D. Manuel Sesé (canónigo), Licenciado D. Ignacio Laborda (canónigo), Licenciado D. Pedro Baselga (canónigo) y el Dr. D. Vicente Martínez (canónigo) y ejecutado por el Ilmo. Sr. D. Juan Antonio Ruano Martín, actual Obispo Administrador Apostólico de esta Diócesis, por Decreto de veinticuatro de febrero de mil novecientos dos, para comenzar a regir el día uno de marzo de dicho año, según se publicó en el número cuatro del Boletín Eclesiástico Oficial, del 27 de febrero del mismo. Y, a consecuencia de dicho arreglo y creación de esta dicha Parroquia, a propuesta unipersonal hecha por dicho Ilmo. Sr. Obispo, fue nombrado cura de la misma el infraescrito presbítero Mariano Fumanal Linés, cura propio que era de Salas Bajas, por Real Orden de 12 de abril de este corriente año, y, según aparece en el Boletín de la Diócesis, número 8 de 24 de abril del mismo y, según lo dispuesto por 5.1. en circular del 15 de abril último, inserta en el número 7 de dicho Boletín, y ordenes particulares recibidas de 5.1.5., yo el precitado nombrado cura de esta Parroquia (que antes lo había sido 23 años de Salas Bajas (término, por oposición; de Javierre, ascenso por oposición, 12 años y antes Vicario de entrada de Benasque, total 49 años) el día uno de mayo del presente año, a las 12 del día, tomé posesión de ella con intención de, con el favor y gracia de Dios, desempeñar el cargo para gloria de Dios, santificación de mis parroquianos y mi propia santificación. Sic Deus me adjuvet. Barbastro, mayo de 1902. Mariano Fumanal Linés, prebitero.

Así comenzará la actividad pastoral la nueva parroquia de San Francisco de Asís y su presencia en el Arrabal de la ciudad. Heredará de la comunidad franciscana el hermoso templo con su altar para la Eucaristía, lugares para celebrar el perdón de Dios y la instalación de la pila bautismal, donde renacerán por el agua y el Espíritu generaciones de nuevos hijos de Dios y de la Iglesia. Como dato curioso y reseñable, estrenó la pila bautismal una niña llamada Catalina Josefa Tentú Latre, quien con el tiempo, siguiendo la llamada del Señor, consagraría su vida a Dios y a los hermanos en le vida religiosa. Con fecha veintitrés de abril de 1904 recibirán la imposición de manos, por parte del obispo Juan Antonio Ruano y Martín, para su confirmación en la fe, los primeros cristianos de la nueva comunidad, y el tres de mayo de 1902 estrenarán la nueva parroquia con la celebración de su matrimonio los novios Marcos Opi Morcate y Antonia Colay Palacio, curiosamente, ambos naturales y feligreses de Laluenga. Muy pronto también, la alegría festiva de las celebraciones anteriores se tornará en luto iluminado por la esperanza cristiana, con el primer funeral. El de la niña de 12 años, Feliciana Toda Salinas.

Poco a poco la comunidad parroquial irá creciendo en número y conciencia misionera para aglutinar la vida de los barrios mencionados y asumiendo la misión evangelizadora en la catequesis, la liturgia, la cercanía a los enfermos y la atención a los más desfavorecidos. La devoción a Nuestra Señora animará la vida cristiana. Una devoción alimentada y renovada, año tras año, en los solemnes triduos organizados por las cofradías de Nuestra Señora de los Desamparados en el mes de mayo y de la Virgen del Carmen en los días anteriores a la fiesta litúrgica.

La devoción popular a los santos tuvo su mejor expresión con el establecimiento en la parroquia de la tercera órden franciscana seglar que mantendrá en la comunidad el espíritu franciscano, en justo reconocimiento a san Francisco de Asís,titular de la parroquia. Otro de los santos, con un reconocimiento y devoción especial hasta nuestros días, es san Antonio Abad, con la correspondiente cofradía encargada de cuidar su altar y animar la celebración de la fiesta.

La vitalidad de la nueva comunidad cristiana irá cristalizando en la creación asociada de diversos grupos apostólicos como fermento y levadura dentro de la parroquia y con proyección en los barrios del Arrabal. En los archivos parroquiales se conservan actas de reuniones de la Adoración Nocturna, del Apostolado de la Oración, de la Acción Católica de jóvenes y adultos, de las cofradías penitenciales, del grupo de caridad, de misiones, etc.

 

EL DOLOROSO TRAUMA DE LA GUERRA CIVIL EN LA PARROQUIA

Esta vitalidad sufrirá un verdadero trauma con la diáspora dramática y sangrienta provocada por el desgraciado enfrentamiento de la guerra civil española de 1936. El equipamiento del templo, sus capillas e imágenes fueron destruídas y convertidos en ceniza en las hogueras, el propio recinto del templo se convirtió en taller mecánico y muchos cristianos debieron confesar y testimoniar su fe rubricándola con su sangre, además del beato Florentino, obispo de la diócesis, los 51 beatos mártires misioneros y, el que luego, será proclamado primer santo gitano de la Iglesia universal, el beato Ceferino Giménez Malla, "EL PELÉ".

RECUPERACIÓN ENTUSIASTA DE LA VIDA PARROQUIAL

Finalizada la arrasadora tormenta social y política, la parroquia emprendió la tarea de su restauración espiritual y material impulsada por los ilustres y celosos sacerdotes que recibieron el encargo pastoral: Don Elías Corvinos y Don David de Prada, impulsores de las cofradías penitenciales, Don Mariano Orús, quien con su empeño logró la restauración del templo, Don Ramón José Jiménez y Don Enrique Calvera, comprometidos con el equipamiento de locales para la actividad pastoral y viviendas para los sacerdotes en la nueva Casa Parroquial, ayudados en esta etapa, por el celo pastoral de dos entrañables coadjutores: Don Pedro Escartín, hoy vicario general de la diócesis y Don Benjamín Plaza q.e.p.d. Durante todos estos años la vida espiritual de la parroquia recibió un nuevo impulso con las misiones populares, ejercicios espirituales abiertos, cursillos de Cristiandad, encuentros de oración, misas con los jóvenes, movimiento de Acción Católica pujante, etc.

EL CONCILIO VATICANO II, RENOVARSE PARA EVANGELIZAR MEJOR

El Concilio Vaticano II supuso un nuevo impulso de renovación y presencia de la Iglesia en el mundo y, como no podía ser de otra manera, también en la parroquia de San Francisco sopló con fuerza el viento del Espíritu para un nuevo impulso evangelizador.

En esta etapa postconciliar y de la mano de don Enrique Calvera y sus, también entrañables, coadjutores Don Jacinto Cayo, Don José Mª Ferrer, reemplazado posteriormente por el querido y recordado Don Ramón Campo, q.e.p.d., se aplicó la renovación litúrgica conciliar con la creación del equipo de animación litúrgica, se inició, con decisión, la participación de los laicos en la vida parroquial con la puesta en marcha del consejo pastoral, de la comisión económica, de la Cáritas parroquial comprometida en la atención a las personas desfavorecidas y acompañamiento de los enfermos, la revitalización fuerte y devota de las cofradías penitenciales y marianas, la asociación del Apostolado de la Oración y de los Jueves Eucarísticos. Recibirán una atención especial la catequesis y formación de los equipos de catequistas y jóvenes, el tiempo libre de los niños y adolescentes con sus monitores, la formación de grupos juveniles cristianos, el Movimiento Familiar Cristiano, la celebración de las jornadas parroquiales, la celebración festiva de los patronos titulares de los barrios de san Hipólito y san Joaquín, la felicitación navideña distribuída a las familias con la publicación anual "NUESTRA PARROQUIA" en la que se reseñan las actividades pastorales del año así como los acontecimientos vividos en el seno de cada familia y la representación viviente del Nacimiento del Señor, como buena invitación a vivir con gozo y alegría desbordante el misterio del Verbo de Dios hecho hombre... Una verdadera torrentera de renovación y de gracia.

En una nueva etapa para la parroquia y para mí, nos ha correspondido tomar el testigo de las manos del buen pastor Don Enrique Calvera y que comienza en septiembre de 1994 por decisión de nuestro querido obispo Don Ambrosio Echebarría. Encargo nada fácil, después de los casi treinta años de entrega y servicio de Don Enrique a las personas y familias de esta querida comunidad cristiana.

Debo agradecer desde aquí, la fraternidad y amistad sacerdotal, así como su colaboración y sabiduría pastoral, de los sacerdotes que han compartido y comparten conmigo las tareas pastorales: Don Jacinto Cayo, Don Ramón Campo, q.e.p.d., reemplazado por Don José Mª Ferrer, quien después de unos años de tareas pastorales diocesanas, sin dejarlas, se incorporó a la acción pastoral de la parroquia.

Quiero también dejar constancia aquí de mi mejor gratitud a los seglares comprometidos en los grupos de animación pastoral de la comunidad así como a todos los feligreses, que desde el comienzo, me han acogido, acompañado y compartido las diversas tareas que conlleva la animación de la vida cristiana en la parroquia.

DOS GRANDES ACONTECIMIENTOS EN LA PARROQUIA

Durante estos ocho años, además del acompañamiento de los grupos parroquiales, hemos vivido en la parroquia dos grandes y hermosos acontecimientos: la beatificación de Ceferino Giménez Malla, "El PELÉ" Y la celebración del primer centenario de 'la parroquia.

Con alegría grande y santo orgullo vivió la parroquia la beatificación del beato Ceferino, "El PELÉ". No era para menos, ya que inmediatamente se entendió como el reconocimiento a la vida cristiana sencilla, entregada y fiel hasta rubricarla con el derramamiento de su sangre. Una vida cristiana alimentada en la tercera órden franciscana seglar a la que se inscribió a su llegada a Barbastro, fortalecida con su devoción a la Eucaristía aumentada en la Adoración Nocturna y en su devoción a la Virgen con el rezo habitual del santo Rosario. A su beatificación, celebrada en Roma junto con la del obispo mártir don Florentino, asistió un nutrido grupo de feligreses, unidos a la peregrinación diocesana presidida por el obispo diocesano Ambrosio Echebarría y acompañados del sacerdote de la parroquia don José María Ferrer.

El consejo de pastoral, con sus sacerdotes y feligreses decidieron dedicarle un espacio digno en el templo, como lugar de devoción para los feligreses y peregrinos, recuperando una capilla tabicada en la restauración hecha al templo después de la guerra civil.

La capilla se inaugurará el 4 de mayo de 1998, con una Eucaristía solemne presidida por el obispo diocesano Ambrosio Echebarría, impulsor entusiasta de las causas de beatificación de los mártires Florentino obispo y Ceferino. A ella asistieron, las autoridades locales presididas por su alcalde don Rafael Fernández de Vega, una representación del gobierno de Aragón y diputados de sus Cortes, un buen número de sacerdotes junto con una masiva participación de fieles y peregrinos, payos y gitanos, venidos desde distintos países europeos y regiones españolas.

Finalizada la celebración, Juan de Ávalos, considerado como uno de los mejores escultores españoles del siglo XX, venido desde Madrid para participar en el acto y Sergio Alonso, joven pintor y feligrés de la parroquia, presentaron sus respectivas obras de la imagen del beato y del retablo de la capilla.

Los feligreses, en suscripción abierta, muchos sacerdotes de la diócesis, congregaciones de religiosas, el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad, el obispado, los sacerdotes italianos, don Mario Riboldi y don Luigi Peraboni, responsables y animadores de la acción evangelizadora de la comunidad gitana en Europa, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Verónica y la propia parroquia aportaron los recursos económicos necesarios para adecuar la capilla del beato Ceferino como lugar de oración y acogida de peregrinos.

Desde esta fecha, cada 4 de mayo, gitanos y payos de todo el mundo se han movilizado para acudir como peregrinos a la capilla del beato Ceferino, en la parroquia de San Francisco de Asís y participar en la Eucaristía de acción de gracias, presidida sucesivamente por el obispo de Barbastro, Don Ambrosio Echebarría, de Huesca y Tarbes Lourdes y de Barbastro, Don Juan José Omella.

El segundo acontecimiento vivido con la comunidad parroquial, es el que culminamos con la presentación de la historia de la parroquia en esta publicación. El centenario jubilar de su creación, año 1902-2002.

El consejo pastoral y los sacerdotes fueron preparando con mimo actos y celebraciones con el objetivo de profundizar en la identidad cristiana dentro de la comunidad, animar su vocación misionera y evangelizadora así como avivar el sentido religioso de la vida en un tiempo de fuerte y progresiva secularización de la vida social. Con el fin de que quede constancia de los actos más significativos del año jubilar, señalaré tres de ellos:

· La Misión Popular parroquial encomendada a los padres misioneros claretianos bajo la dirección del padre Provincial, don Vicente Domingo. La programaron para todo un año con el empeño de ayudar a redescubrir el rostro fascinante y misericordioso de Jesucristo. Se inició el 5 de octubre de 2001. Resultó un tiempo intenso de actividad apostólica con la recogida de datos por parte de los visitadores familiares, organización de la comunidad en asambleas familiares animadas por sus monitores, la escuela de oración, la predicación de los misioneros, el encuentro de familias, celebraciones de la penitencia y Eucaristía... y así hasta su clausura celebrada el domingo, 3 de marzo de 2002.

· La Eucaristía jubilar, presidida por el obispo diocesano Don Juan José Omella, concelebrada por un buen número de sacerdotes y una masiva participación de feligreses y amigos de la parroquia. Al finalizar se dio lectura a la Bendición Apostólica de s.s. el Papa Juan Pablo 11 y remitida a la parroquia a través de la Nunciatura Apostólica en España.

· La peregrinación a Roma y Asís de un grupo de feligreses, quienes, al regreso compartían sus experiencias y emociones fuertes. De entre ellas recordaban con especial entusiasmo, su oración ante el sepulcro del apóstol Pedro, la Misa celebrada en las catacumbas de San Calixto, y por supuesto, su peregrinación y Misa de acción de gracias celebrada en la basílica, cuna de San Francisco de Asís y Santa Clara.

Por último y como pequeño homenaje de gratitud, no quiero omitir la relación de pastores santos y sabios que el Espíritu Santo ha querido enviar a la diócesis como obispos para regirla y animarla en su acción evangelizadora y pastoral: el padre Mutiloa, Don Florentino Asensio, Don Arturo Tabera, sucesor inmediato del obispo mártir beato Florentino Asensio, Don Pedro Cantero, Don Segundo García de Sierra, Don Jaime Flores, Don Damián Iguacen, Don Ambrosio Echebarría, y como último regalo de Dios a la diócesis, Don Juan José Omella, al que, interpretando los sentimientos de los diocesanos, deseamos muchos años de presencia apostólica fecunda entre nosotros.

Que San Francisco de Asís, el beato obispo Florentino, los mártires de Barbastro, Hijos del Corazón de María, el beato Ceferino "El PELÉ" Y el santo, fundador del Opus Dei, San Josemaría, nacido en Barbastro, recientemente canonizado y primer santo de la Iglesia Española en este siglo XXI, sean el mejor estímulo para la andadura de la querida parroquia de San Francisco en camino del segundo centenario de vida e historia, empeñada en dar testimonio de su fe en el Señor, muerto y resucitado, haciendo presente el Reino de Dios en este mundo secularizado y cargado de sombras que necesitan ser iluminadas.

JOSE MARIA GARANTO PRADES


Texto extraído del libro "LA PARROQUIA DE SAN FRANCISCO DE ASIS CIEN AÑOS DE HISTORIA (1902-2002)"